lunes, 18 de septiembre de 2017

Desmontando el poder del falo







  Escena Uno. Edad de Piedra. Una multitud de hombres prehistóricos acribillan a lanzazos a un mamut pintado en la pared de una caverna.

 Escena Dos. Siglo XIX. Un oficial de alta graduación es degradado frente a la tropa formada. El superior procede a arrancarle a tirones las jinetas, las condecoraciones, las tiras, los botones dorados, dejando el uniforme de gala hecho harapos. Le quita el sable y lo rompe sobre su rodilla, arrojando los pedazos con desprecio.

  Escena Tres. Siglo XX. Marcel Duchamp escandaliza el mundo del arte pintándole bigotes a una réplica de la Gioconda y exhibiendo un orinal en un museo como obra de arte.

   Qué tienen en común estas tres escenas? En las tres, se está usando un procedimiento simbólico para dominar, derrotar o quitarle valor histórico a algo o a alguien.

  Los cromañones, pensamiento mágico mediante, piensan que lanceando el mamut pintado, van a poder cazar uno en el futuro. Al militar (el caso Dreyfus) no lo fusilan ni le pegan, le hacen algo peor, le quitan aquello que lo constituye y le da identidad. Le quitan su grado. Es casi una castración artística frente a sus subordinados. Duchamp hace lo suyo para dinamitar el respeto histórico por el arte, por aquello que se exhibe y se estima como arte, en nombre de la nueva doctrina del dadaísmo.

   La sodomía, el cuckolding y las burlas sobre el tamaño del pene son modos simbólicos de dinamitar el lugar de superioridad patriarcal que solemos tener más o menos incorporado inconscientemente ambos sexos en nuestra sociedad. Lo que constituye la identidad masculina tal como ha sido vista históricamente, a saber:

a) la aptitud para el coito, identificada en un correcto tamaño peneano y toda la mitología adjunta.

b) el poseer a una mujer,  en su doble acepción de capacidad para penetrarla y capacidad para poseerla como algo propio que jamás se cede porque si no, no se sabe de quien son los hijos y a quien se le da la herencia.

c) la sodomización vista como la negación más absoluta del lugar del poder del hombre, vista como derrota, como rendición absoluta. No por nada se dice que el trasero se entrega.

   Podriamos llamarlas tres ancestrales formas de castración simbólica?

   Esto nos dice mucho acerca de adonde apuntan y qué origen tienen las formas de placer que pueden provocar en quienes lo reciben y en quienes se lo hacen a otros.

Niní - sobrelafalda

   Con algunas breves e indispensables ediciones por mi parte, transcribo a Niní - sobrelafalda en su brillante alegoría que explica el profundo valor simbólico de algunas de las acciones clásicas del Femdom. Al adulterio, la sodomía y las burlas sobre el tamaño del pene, podríamos agregar la sissificación para formar un verdadero poker de ases de exquisitas humillaciones sádicas. Niní - sobrelafalda también nos ha dejado una genial exposición sobre la sissificación desde el punto de vista histórico de la petticoat discipline, posteada originalmente en Círculo BDSM. 

   El Femdom humillatorio propone contruir placeres sobre los ancestrales temores masculinos y jugar con la insegura virilidad de los hombres. Mediante ritos y celebraciones de humillación masculina, las dominatrices nos convertimos en sacerdotisas de Afrodita para sacrificar en nuestros altares de placer sádico al viejo orden patriarcal mediante prácticas sexuales que encubren sutiles operaciones de desmonte del poder fálico. Nos divertimos y lo disfrutamos. Los maridos y novios humillados tampoco se quejan demasiado, más bien yo puedo asegurar que suelen sentirse liberados y felices.

  La mujer dominante y su marido sumiso pueden entrar y salir a voluntad de toda clase de experiencias sadomasoquistas consensuadas. En cambio nunca se sale igual de como se entró cuando se juega a estos juegos de humillación psicológica que no suelen dejar marcas de latigazos. Las marcas son interiores y las consecuencias en la psiquis de los participantes pueden ser muy profundas.  

    Reitero solamente, por considerarlo necesario, mi creencia en que este modo de vida, de jugar y de gozar que tenemos acá, todo, todo eso que hacemos, es una respuesta en contra al esquemático libreto patriarcal que nos rige de puertas afuera. Sentimos diferente, gozamos diferente y somos un testimonio que no son tan verdaderas las verdades que nos han querido meter en la cabeza por la fuerza desde la infancia. Pero justamente creo que somos (o intentamos ser) la negación de todo eso, nosotros jugamos con los estereotipos, los invertimos, los deformamos, los parodiamos...

   Gracias Niní por todo lo que nos enseñaste durante tantos años.
















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